Pasión, naturaleza y misterio: el Romanticismo en la pintura inglesa
El carro de heno, símbolo indiscutible del arte romántico inglés
Muy buenas a todos. Una semana más nos reunimos todos alrededor de la hoguera para contarnos historias y pasar un buen rato...¿no? vale. Debo haberlo soñado...¡aah, eso de vivir con la Sole es muy duro! En fin.
Esta vez voy a hablarte del maravilloso mundo del movimiento artístico del Romanticismo en pintura. Como todos ya sabréis (porque me consta que lo habéis estudiado en vuestro club de fans de GandiArte), el arte del siglo XIX es mi periodo favorito del mundo mundial. Lo digo para cuando tengáis que comprarme un regalo del amigo invisible o algo...yo lo dejo caer, nada más.
Antes de pasar a los autores, hay que dejar claro que la pintura romántica en Inglaterra se puede resumir, a grandes rasgos, en esta afirmación: el triunfo del paisaje. Aunque es cierto que no todos los artistas que vamos a descubrir aquí se dedicaron al paisaje, sí tenemos constancia de que este género, hasta entonces reconocido como género menor, cobra una importancia cada vez mayor. Este proceso de revalorización del paisaje empezó en el siglo XVII, con su consolidación en Roma y su explosión tuvo lugar con el Romanticismo. A principios del siglo XIX se le empieza a dar cada vez mayor importancia a la representación atmosférica y a los efectos de la luz sobre el medio natural. Es decir, que si está nublado, se pintan unas nubes grises y no da mucho el sol, y si hace más calor que asfaltando el Sahara, veremos zonas del cuadro más iluminadas que otras, lo que influye en el color y demás elementos. El paisaje romántico pasa de documentar la naturaleza en el siglo XVIII a traslucir los sentimientos de su autor. El paisaje ahora puede ser dramático, idílico, sublime, aterrador...en esta línea de pensamiento, nace una nueva puesta en valor de la Edad Media y, más concretamente, una revalorización de las ruinas medievales. Se valora el folclore, pues la sabiduría popular es fuente inacabable de inspiración, como también lo es la literatura.
Eso sí, no penséis que solo se tiraban el día pintando charcos y nubes. Hubo algunos que desarrollaron una pintura más onírica y abstracta, relacionada con el mundo de los sueños, las pesadillas, lo horrible, lo erótico...los artistas no buscaban solamente lo sublime en el paisaje, sino lo pintoresco. Todo es digno de ser pintado: desde un paisaje rural o una campiña salpicada de campesinos trabajando hasta la representación de la insignificancia del ser humano frente a la naturaleza. El Romanticismo en Gran Bretaña vino acompañado de una revolución filosófica y literaria, a través de los cuales se puso en valor la figura individual frente al colectivo. La técnica que más se va a utilizar es el óleo y el soporte, el lienzo.
Por otra parte, veremos escenas súper, y cuando digo súper, es súper realistas; casi parecen fotografías y eso a mi....uuff es que me pone a dar palmas con las orejas. Bien, pues en Inglaterra destacaron varios pintores dentro de este movimiento: Henry Fuseli, John Constable, William Turner (el primo del pirata del Caribe, claramente), William Blake y Thomas Girtin. Voy a daros un poco la murga con todos estos admirables señores. ¿Preparados? Vamos allá.
Henry Fuseli
Empezamos con el señor Henry Fuseli (fig. 1). Inicialmente llamado Johann Heinrich Füssli, nacido en Suiza, al trasladarse a Inglaterra se cambió el nombre.
Figura 1. Retrato de Fuseli realizado por James Northcote (1778). Imagen extraída de la web del museo National Portrait Gallery. Puedes obtener más información en la misma web
Con un rápido vistazo, vemos claramente cómo la obra de Fuseli adquiere un tono muy oscuro, surrealista y todo muy negro. Casi nos recuerda un poco a las pinturas negras de Goya: su pintura es más onírica y fantástica (de fantasía, no es que su pintura sea fantástica, que también); todo son pesadillas o sueños bien trambólicos (fig. 2). Un hecho que es innegable es que Fuseli fue un pintor visionario. Su obra, romántica, subjetiva, emocional e irracional, es considerada por parte de la crítica como predecesora del surrealismo. Si quieres aprender más cosas sobre la vida y obra de Fuseli, puedes acceder a esta interesantísima entrada.
Figura 2. La pesadilla, Henry Fuseli (1781), Detroit Institute of Arts (Estados Unidos). El mejor exponente de la obra de Fuseli. Una pesadilla aterradora, con tendencia a exaltar el erotismo del cuerpo humano, macabro cuadro repleto de onirismo y surrealismo. Imagen extraída de la web del DIA. Puedes obtener más información en la misma web.
Podríamos, si me permites, considerarlo un pintor un tanto obsesionado con el tema hot, las fantasías eróticas y oscuras. Debe mucha de su inspiración a referencias literarias para darle vida a sus obras. Fuseli se especializa en crear, de forma harto brillante, cuerpos desnudos (o casi), retorcidos y atemorizados, violentados por los monstruos del Averno que pueblan sus peores pesadillas. A saber qué le pasaría en su vida cotidiana para sacarse estas pinturas de la chistera...Evidentemente, sus influencias se dejarán notar posteriormente, tanto en el arte surrealista como en ciertas pinturas de cierto señorito Goya, entre otros. Es por ello que Henry Fuseli es una pieza fundamental en la configuración del arte romántico en Inglaterra: su arte es el Romanticismo en sí mismo; al menos, una de las caras del movimiento. Quizás su producción se viera eclipsada por la obra de su admirador más brillante, William Blake (del que hablaremos dentro de un rato), pero es muy importante tener en cuenta a Fuseli a la hora de hablar del Romanticismo en Inglaterra.
Ahora, vamos a ver algunas de las mejores y más llamativas obras de Fuseli. A parte de La pesadilla, expuesta arriba, tenemos obras maestras como Titania y Bottom (1790), una obra que rebosa fantasía y está extraída del acto IV de la obra teatral Sueño de una noche de verano (1595), del legendario William Shakespeare (fig. 3).
Figura 3. Titania y Bottom (1790), obra de Henry Fuseli, Tate Gallery (Londres). Imagen extraída de la web del Tate Gallery. Puedes obtener más información en la misma web
Otra obra visualmente muy llamativa es aquella que representa un momento del Fin del Mundo vinkingo, el Ragnarök. Esta obra es conocida como Thor golpeando a la serpiente Midgard (1790).
Figura 4. Thor golpeando a la serpiente Midgard (1790), obra conservada en la Royal Academy of Arts (Londres). Imagen extraída de la web de la Royal Academy. Puedes obtener más información en la misma web
Otra obra interesante es La bruja de la noche visitando a las brujas de Laponia (1796). En esta pintura vemos un pasaje del poema El Paraíso Perdido de John Milton, en el que se comparan los demonios que rodean el pecado con las brujas asesinas de niños (fig. 5).
John Constable
En segundo lugar (aunque no menos importante) tenemos, a mi juicio, el máximo exponente del paisaje inglés del siglo XIX: el único, el inigualable, el gran John Constable (fig. 6). El gran maestro de los paisajes. Tú ves una obra de este señor y flipas en colores, tanto por el nivel de detalle, como por la gama cromática y por todo. Al igual que pone en todas las webs que hablan de este pintor (y yo no voy a ser menos, ¡JA!) el paisaje más representado fue la tierra de Suffolk, donde pasa gran parte de su vida. Le interesa mucho cómo la luz se refleja en distintas superficies, cómo actúa el clima en un paisaje, etc. Pero bueno, después de esta brevísima introducción, vamos a desarrollar el arte de John Constable de una forma más...seria. Sea como sea, tienes esta entrada para empaparte al máximo de la vida y obra de Constable.
Figura 6. Retrato de Constable, obra del pintor inglés Ramsay Richard Reinagle (1799). Imagen extraída de la web del National Portrait Gallery. Puedes obtener más información en la misma web
Como hemos comentado arriba, Constable se destacó por ser un excelente paisajista inglés. Su gran musa fue la verde campiña de Suffolk, sembrada de verdes pastos y frondosos bosques. Cabe añadir que Constable no fue el único que cayó presa del hechizo de la colorida y campestre Suffolk (fig. 7).
Figura 7. Paisaje de Suffolk, Thomas Gainsborough (1746-1750), Museo de Historia del Arte de Viena. Imagen extraída de la web del Museo de Viena. Puedes obtener más información en la misma web
Además, fue uno de los primeros pintores en trabajar al aire libre, un hecho que lo sitúa directamente como importante antecesor de los impresionistas y artistas franceses de la Escuela de Barbizon. Constable se convirtió en el polo opuesto del ideal de paisaje que sostenía su compañero de movimiento, William Turner: mientras Turner se centraba en mostrar lo sublime del paisaje, Constable se centró en lo pintoresco, tendiendo mucho más hacia el realismo para expresar ideas y emociones. En sus paisajes abundan la luz y los efectos atmosféricos (el movimiento de las nubes, la incidencia de la luz en las hojas de los árboles...). De este modo, convirtió sus cuadros en obras de arte protoimpresionistas, utilizando el color para mostrar representar los distintos tonos de luz y cómo esta afecta al ambiente. En aquella época, su técnica fue considerada revolucionaria y, como se vería posteriormente, tremendamente influyente en los artistas posteriores.
Poco más queda añadir en esta entrada sobre el arte de Constable. Damos paso a algunas de sus mejores pinturas. A quien no le haya hecho tilín en el chilindrín después de ver tremendas obras magistrales, le vuelo los sesos con mi escopeta de cazar tordos.
En primer lugar, tenemos su obra más famosa e identificativa, titulada El carro de heno, pintada en 1821 (fig. 8). Está considerada la segunda mejor pintura jamás realizada en el Reino Unido, tan solo por detrás de una obra de Turner. Como podemos ver, Constable plasma la vida campesina sin añadir florituras, sin idealizar el paisaje ni sus personajes. Muy interesante es el papel protagónico que adquiere el cielo: vemos distintas tonalidades en el color de las nubes, convertidas en nubarrones, nubes más volumétricas, nubes más ''ligeras'', etc. Parece un paisaje real, y es esa autenticidad la que más apreciamos en esta sublime obra de arte.
Figura 8. El carro de heno, obra del pintor inglés John Constable (1821). Imagen extraída de la web del museo National Gallery de Londres. Puedes obtener más información en la misma web
John Constable no solo fue un maestro del paisaje; su curiosidad lo llevó a explorar otras maneras de representar los efectos atmosféricos, adelantándose, en ocasiones, a los pintores impresionistas o incluso al arte abstracto. Como ejemplo de esto tenemos Estudio de marina con nube de lluvia, del año 1827 (fig. 9). En su afán por representar lo efímero de las nubes, el pintor inglés consigue renovar el paisajismo al intentar representar, de forma más o menos precisa, los cielos cambiantes y sus matices cromáticos. En consecuencia, surgen unas obras muy emocionales, personales y pintorescas, hechas a la manera romántica.
Figura 9. Estudio de marina con nube de lluvia, John Constable (1827). Imagen extraída de la web Historia Arte. Puedes obtener más información en la misma web
William Turner
En tercer lugar tenemos al pintor William Turner (fig. 10). Este grandísimo artista también se especializó en el paisaje, convirtiéndose en una suerte de contraparte de Constable, ya que supo darle un enfoque totalmente distinto a la representacion de la tierra, el cielo, el mar y la climatología de su entorno. Turner entendía la naturaleza como una gran entidad llena de poder y energía, capaz de desatar peligrosas tormentas o formar bellos pasiajes pintorescos y delicados. Turner lleva al extremo las posibilidades que plantea Constable en su Estudio de marina con nube de lluvia, emborronando el cuadro para representar la velocidad y lo cambiante del paisaje.
Figura 10. Autorretrato de William Tuner, por William Turner (1799). Imagen extraída de la web del Tate Britain. Puedes obtener más información en la misma web
Considerado una figura controvertida en su momento, hoy en día es reconocido como el pintor que elevó la categoría del paisaje a la altura de otros ''géneros mayores'', como la pintura de historia. Trabajó tanto con el óleo como con la acuarela. En su juventud aprendió la técnica de la acuarela junto con otro de los pintores que vamos a mencionar en esta entrada, Thomas Girtin. Muy interesado en la filosofía de lo sublime (según la cual la belleza extrema es capaz de llevar al espectador a un éxtasis más allá de su raciocinio, incluso provocar un gran dolor por ser imposible de asimilar), Turner retrata el hipnótico poder de la naturaleza sobre el ser humano a través de fuegos, catástrofes naturales, hundimientos, etc. La humanidad es convertida en un mero peón de la naturaleza.
Dicho lo cual, vamos a describir brevemente algunas de sus obras más relevantes (ya que si quieres aprender más sobre este genio romántico, lo puedes hacer entrando en esta maravillosa y bien documentada entrada). Empezamos con Pescadores en el mar (1796), una obra interesantísima con un poder y un uso tan genial de la oscuridad que me deja sin palabras (fig. 11). Estamos ante uno de los primeros óleos que hizo Turner, la primera obra que recibió numerosas críticas positivas y la que lo puso en el ojo del huracán de los amantes del paisaje. Aquí el pintor expone a la perfección sus ideas sobre lo sublime y la impotencia del ser humano frente a la naturaleza, como ya hemos comentado previamente. Esta es una naturaleza furiosa, embravecida, ante la cual los pobres pescadores nada pueden hacer. El brillo cálido del farolillo que llevan no es nada ante el torrente de luz que mana de la luna, rodeada de nubes negras que están a punto de descargar el diluvio en medio de una mar agitada.
Figura 11. Pescadores en el mar, William Turner (1796). Imagen extraída de la web del Tate Britain. Puedes obtener más información en la misma web
La siguiente pintura que vamos a explorar es Barco de esclavos (1840). Basada en un hecho real (el asesinato de unos esclavos africanos), un barco en medio del mar empieza a quedarse sin agua, por lo que los negreros arrojan al mar algunos esclavos para aligerar la carga. Al llegar a tierra tuvieron que rendir cuentas ante la aseguradora por ''perder la mercancía''. En esta obra, que es también una crítica social, Turner pinta nuevamente un mar agitado, desatando la potencia de la naturaleza y llevando a los diminutos esclavos a la muerte (fig. 12). El pintor de los elementos desatados del clima muestra el horror de la acción cometida por los esclavistas en medio de una tempestad, con unas manos que luchan por no hundirse. A diferencia de la pintura anterior, aquí vemos mucho mejor la presencia de un cielo iluminado, cuya luz parece mezclar todos los colores, adelantándose a corrientes artísticas muy posteriores.
Figura 12. Barco de esclavos, William Turner (1840). Imagen extraída de la web del Museo de Bellas Artes de Boston. Puedes obtener más información en la misma web
Ahora llegamos a una de sus obras más emblemáticas, llamada Puesta de sol escarlata (1840). Considerada por muchos historiadores como el inicio del Impresionismo (fig. 13).
Figura 13. Puesta de sol escarlata, William Turner (1840). Imagen extraída de la web Tate Britain. Puedes obtener más información en la misma web
Entre sus mejores obras también tenemos Lluvia, Vapor y Velocidad (1844). Al igual que la imagen de la puesta de sol, la pintura de lluvia y vapor también es profundamente impresionista (fig. 14).
Ambas obras se sitúan en el contexto de la Revolución Industrial, con cada vez más avances y novedades con los que transformar la sociedad. Artísticamente hablando, el Romanticismo seguía vivo a través del vapor, el humo, la velocidad, y la industria, que también transforma el medio natural y, en ocasiones, puede llegar a alterar los cielos y sus gamas cromáticas. Contrario a sus contemporáneos, que sentían un profundo rechazo por el progreso y la destrucción de la naturaleza, Turner se reveló como un enamorado de las locomotoras y su velocidad, de ahí que se decidiera a pintar esta obra. Sin embargo, en esta obra no vemos un homenaje a la locomotora; Turner simplemente utiliza el tema para sus propósitos artísticos, que casi siempre son los mismos: el arte al servicio de la naturaleza. La locomotora como una herramienta que le permite pintar un objeto que se mueve a grandes velocidades y que, en su ímpetu, permite al pintor crear una obra abstracta, adelantándose a la corriente igual que hizo en obras anteriores; tal y como hizo Constable.
William Blake
Tras William Turner, pasamos de la luminosidad y lo pintoresco y retrocedemos hasta Henry Fuseli. O, mejor dicho, retrocedemos al estilo oscuro y ocultista que solía manejar Fuseli; y lo vamos a hacer hablando de William Blake (fig. 15).
Figura 15. Retrato de William Blake, obra de Thomas Phillips (1807). Obra extraída de la web del National Portrait Gallery. Puedes obtener más información en la misma web
Al mismo tiempo poeta y pintor, Blake consideraba ambas disciplinas como algo inseparable de un mismo esfuerzo espiritual unificado. Fue un artista visionario que se adelantó al Romanticismo y el simbolismo, creando una serie de obras ded arte muy interesantes basadas en su acentuada espiritualidad y un misticismo muy cercano al esoterismo. Blake se inició en el grabado a los 14 años y, rápidamente, se enamoró de la historia y las leyendas, despreciando la moda neoclásica de la época y el pensamiento racionalista imperante. Para este artista no había nada más sublime que la imaginación, ya que esta era ''inmortal, eterna e inagotable''. Sus ideas no fueron bien recibidas por sus contemporáneos, que no estaban preparados para esa corriente pre-romántica.
Para Blake, el artista es alguien que interpreta la realidad mediante una obra simbólica que el público debe interpretar; se trata de un espíritu libre que ilustra su mundo interior y puede expresarse a través de lo enigmático y fantasioso en vez de a través de lo bello y lo armonioso. El artista fusiona las formas neoclásicas con la emergente búsqueda de lo romántico, lo incomprensible, en definitiva, de lo sublime. Dicho lo cual, si necesitáis saber más cosas sobre la vida y obra de William Blake, podéis explorar esta fascinante entrada. Vamos a pasar a ver sus obras más representativas.
En primer lugar, tenemos la famosa obra (bueno, famosa para los que sepan del tema) El anciano de los días (fig. 16), un grabado realizado en 1794 en la portada de un libro ilustrado de la misma época titulado Europe a Prophecy. Resulta que Blake también se ganó la vida como grabador, disciplina que desarrolló con fervor mientras también pintaba cuadros. Gran admirador de la obra de Miguel Ángel, este artista mezcla lo fantasioso con lo religioso.
Figura 16. El anciano de los días colocando un compás sobre la Tierra, obra de William Blake (1794). Imagen extraída de la web del British Museum. Puedes obtener más información en la misma web
El anciano que vemos en este grabado es conocido como Urizen y, para Blake, era el creador del mundo. Claro está, este hombre era el creador del mundo porque el artista así lo decidió. También decidió que Urizen fuera un anciano malicioso y oscuro, y su personalidad se plasma de forma misteriosa y tétrica en esta atmósfera de pesadilla, con unas nubes que envuelven al viejo desnudo. Se dice en el mundo del arte que Blake tuvo una visión de un anciano que medía el planeta con un compás. Independientemente de las historias que giran en torno suyo, lo más destacable es la extraña geometría de la ilustración, con esas líneas rectas que bajan hacia la oscuridad como dos lanzas, mientras el pelo se desplaza casi formando una diagonal en la cabeza de un hombre agazapado en postura casi triangular y enmarcado en una perfecta circunferencia. El compás que vemos en la imagen vendría a simular un relánpago de luz capaz de iluminar un mundo sumido en noche perpetua y tormentosa.
La siguiente obra es una que me recuerda a una película thriller en la que aparece exactamente esta ilustración. La obra es El Gran Dragón Rojo y la Mujer revestida de Sol (fig. 17). La película curiosamente se titula Red Dragon, dirigida por Brett Ratner (2002), en la cual podemos contemplar el tatuaje del dragón en la espalda del asesino (fig. 18).
Mucho más cercano a los pasajes de la Biblia, en esta escena William Blake pinta una visión apocalíptica, descrita así en la Sagrada Escritura:
Luego apareció en el cielo otra señal: un gran dragón rojo que tenía siete cabezas, diez cuernos y una corona en cada cabeza. Con la cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanzó sobre la tierra. El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.
Aquí aparece el monstruo de espaldas con cierta apariencia humana y está a punto de devorar a la mujer luminosa, en una clara alusión entre la típica lucha entre el bien y el mal, la luz contra la oscuridad, el Diablo contra Dios. O contra la Virgen María, mejor dicho. Blake se revela como hombre de fe (o, al menos, como interesado en estos temas); un visionario con gran habilidad plástica y con una capacidad muy inteligente para combinar arte, terror y religión, adelantándose a otros personajes que comulgaban con este tipo de pintura, como podrían ser Odilon Redon, Gustave Moreau o Arnold Böcklin. Por último, comentar que Blake fue muy reivindicado por los artistas simbolistas y las generaciones posteriores. Aquí abajo tenemos una imagen de la espalda del asesino de la película mencionada.
Por último, vamos a hablar de la pintura Newton (fig. 19), la cual esconde una ácida crítica a los personajes más destacados de la sociedad de su época.
Como ya sabemos por conocer los principios en los que se asienta el Romanticismo, William Blake odiaba la Ilustración y todo el arte racional. No consideraba que todo funcionara exclusivamente con la razón. Hay cosas irracionales y subjetivas en la vida, y una de estas es el arte, apoyado fuertemente por las emociones y la infinita libertad que ofrece la imaginación. Para él, los hijos mayores del Diablo eran Isaac Newton, John Locke y Francis Bacon, que todo lo veían a través de la física y la ciencia. Estos grandilocuentes científicos solo utilizaban el ojo físico para formular sus teorías y sus tonterías, mientras ignoraban o rechazaban la existencia del ojo espiritual, con el que se podía acceder a un mundo totalmente distinto, con posibilidad de recibir visiones y epifanías divinas.
Es por ello que Blake decide retratar a Newton de esta forma tan poco formal: un hombre desnudo sentado en una pose imposible o, si me lo permitís, indecorosa (básicamente tenemos a Newton sentado en la taza del váter), sobre una superficie rocosa con algas, corales y moluscos que se asemeja mucho al fondo del mar. Newton está totalmente inclinado hacia el suelo, absorto en sus pensamientos y sus ejercicios científicos, un cuerpo tan encogido y limitado de movimiento como su compás; en definitiva, tan cuadriculado como su pensamiento cerrado.
Thomas Girtin
En quinto y último lugar tenemos a, posiblemente, el mayor desconocido del movimiento en este país: Thomas Girtin (fig. 20). Este pintor es un caso peculiar, pues frente al 99,99% de obras al óleo, prefirió darle a su carrera artística un toque más acuarelado (si es que este palabro existe).
Figura 20. Retrato de Thomas Girtin, obra del inglés John Opie (1800). Imagen extraída de la web de la National Portrait Gallery. Puedes obtener más información en la misma web
Amigo de William Turner, Thomas Girtin destaca por lo diferentes que son sus pinturas de las del resto de compañeros de movimiento. Sus pinturas tienen un aire de dibujo, de esbozo. La acuarela se convierte en el toque personal de Girtin y, si encima lo sumas a la representación de paisajes, con eso tienes ganado mi corazón. Vamos a ver algunas de sus obras, ya que importantes no sé cuáles serán. Lo cierto es que hay tan poca información en Internet sobre este pintor, que nadie se ha tomado la tarea de clasificar sus obras.
En fin, sea como sea, empezamos con Kirkstall Abbey, Yorkshire, pintada en 1801 (fig. 21). En esta obra vemos la combinación tan inteligente que Girtin efectúa entre paisaje y acuarela, algo muy novedoso en la época.
Figura 21. Kirkstall Abbey, Yorkshire, obra de Thomas Girtin (1801). Imagen extraída de la web WikiArt. Puedes obtener más información en la misma web
La siguiente obra a comentar es Guisborough Priory, Yorkshire (1801), en la que se hace patente la gran habilidad de Girtin para dibujar con trazos muy finos y gran detalle (fig. 22).
Figura 22. Guisborough Priory, Yorkshire (1801). Imagen extraída de la web del museo Tate Britain. Puedes extraer más información en la misma web
Otra obra muy curiosa es La Rue St Denis, pintada en el año 1802, donde vemos, nuevamente, cómo Girtin demuestra que la acuarela no es una técnica empleada exclusivamente en espacios abiertos y grandes pinceladas de color (fig. 23).
Y, con esto y un bizcocho, hasta luego. Y por si no nos vemos luego: buenos días, buenas tardes, buenas noches.
Bibliografía
- Vaughan, W. (1996). Romanticismo y arte. Destino
- Taranilla de la Varga, C. J. (2020). Breve historia del romanticismo, realismo, impresionismo y modernismo. Nowtilus
Webgrafía
- Sobre las páginas web que he utilizado ya he ido dejando sus respectivos enlaces en los pies de foto o durante la narración de los hechos; me da una pereza tremenda ir de uno en uno citando cada web en esta sección, por lo que las fuentes las tenéis, aunque no estén citadas como Dios manda, cosa que me la viene a sudar un poco. Hala, hasta luego.

























Comentarios
Publicar un comentario