Madurez y descubrimiento: Nicky, la Aprendiz de Bruja
Nicky, la joven bruja que salvó a Studio Ghibli Con 3 películas a sus espaldas, el estudio se encontraba en aprietos económicos. Ni castillos voladores, ni dioses del bosque ni guerras mundiales pudieron recaudar tanto como lo hizo Nausicaä del Valle del Viento, el gran éxito de taquilla que inspiró la fundación de la compañía de largometrajes de animación. Tras terminar con Totoro, Hayao Miyazaki empezó un nuevo proyecto: la adaptación de una novela infantil popular en aquella época, Nicky, la aprendiz de bruja de Eiko Kadono (fig. 1), que seguía los pasos de una joven bruja en su camino a la madurez, viendo cómo deja su hogar para instalarse en una nueva ciudad y encontrar su lugar en el mundo. Es curioso cómo, ya en 1988, Miyazaki reflexionaba sobre las comodidades de la vida moderna que a menudo impedían a los jóvenes adultos llegar a la madurez. Y es curioso porque esto enlaza directamente con las declaraciones que haría al presentar su mejor película,...


