Carlomagno: el rey más poderoso de la Alta Edad Media - parte 1

 

    Retrato de Carlomagno, obra del alemán Alberto Durero (1511-1513), Museo Nacional Germano. Puedes obtener más información en la web Wikipedia

Pipino el Breve, mayordomo de palacio de Austrasia y posteriormente convertido en rey de los francos como Pipino III, dividió el reino entre sus hijos: Carlos recibió Aquitania, parte de Neustria y Austrasia; Carlomán recibió áreas marginales como Alamania, Alsacia, Borgoña, Septimania y Provenza (figs. 1 y 2).


    Figura 1. Efigie de Carlomán I en la basílica de Saint Denis, siglo XIII


    Figura 2. El territorio del rey franco Pipino el Breve fue dividido entre sus hijos. Carlos recibió el territorio marcado en rojo y Carlomán, el azul. Imagen extraída de la web Battle Royale. Puedes obtener más información en la misma web

Sin embargo, la muerte de este último en el año 771 permitió a Carlos reunificar el reino de los francos. Su futuro gobierno se consolidaba sobre bases prometedoras. Pipino el Breve había sustentado la autoridad de la realeza en todo el territorio al contar con el apoyo de la aristocracia franca. Asimismo, mediante el golpe de estado del 751 había conseguido una alianza con la Iglesia, a la que restituyó parte de los bienes que su padre Carlos Martel le había usurpado. Sentó las bases de relación entre Roma y el principal poder político del Occidente europeo, un futuro Imperio que iba a combinar cristiandad con poder militar. El futuro Carlomagno recibió del clero legitimidad, prestigio y doctrina política, así como privilegios administrativos y culturales, sin olvidar que en sus conquistas siempre iba a contar con la evangelización como arma para dar continuidad y cohesión a las actuaciones militares. El rey heredó de su cultura franca el gusto por la guerra, la conquista y el botín. Sus empresas fueron siempre por defensa de la Iglesia y la difusión de la fe, y al territorio que le fue legado por sus antepasados, añadió otras grandes porciones, conquistando gran parte de Europa central, parte de Italia y parte de la actual Alemania (fig. 3). 

    Figura 3. Mapa de coropletas con la evolución del territorio de los francos, fundado por Clodoveo I, cuyo momento de máximo esplendor se logró durante el reinado de Carlomagno. Imagen extraída de la web Wikipedia. Puedes obtener más información en la misma web


Carlomagno se preocupó de llevar a cabo iniciativas políticas y militares que Carlos Martel y su hijo ya habían practicado. La gran empresa del nuevo rey fue la conquista de Sajonia, último reducto de la primitiva Germania pagana. Sus territorios se extendían entre el Mar del Norte, el Rin y el Elba. En el año 772 Carlomagno destruyó su principal santuario, Irminsul, en las proximidades del río Weser. Empezó un conflicto que duró más de 30 años. Los sajones se levantaron en armas al año siguiente y en el 793 eliminaron las guarniciones francas cercanas. Carlomagno respondió imponiendo un duro régimen administrativo y una evangelización apoyada por los conquistadores, que obligaba al bautismo y castigaba con la muerte tanto a los que mantenían los ritos paganos como a los que se enfrentaban a la Iglesia. La cristianización de la zona fue muy rápida, debida a la construcción de una tupida red de monasterios que garantizarían el proceso de evangelización. El fin de la conquista carolingia puso la bases de una Alemania que detendrá nuevas invasiones y facilitará el dominio de la Germania central, como el valle del Main, Alamania, Turingia y Hesse.

La cuenca media del Danubio fue ocupada por los ávaros, pueblo llegado de Asia alrededor del 560. Rápidamente sembraron el terror en Europa central y montaron un campamento fortificado que protegían con varias cercas concéntricas. Carlomagno llevó a cabo varias expediciones contra ellos desde Italia. La intervención de Carlomagno en la península contituyó un capítulo fundamental en su expansión militar, ya que había sido el origen de la alianza entre el papado y la dinastía carolingia. En el año 773 el rey volvió a ayudar al Papa Adriano I contra los lombardos, esta vez comandados por el rey Desiderio, que cercaba Rávena y amenazaba los Estados Pontificios. Cruzó los Alpes y sitió a Desiderio donde se hallaba más fuerte, en Pavía. Se anexionó su reino y el ducado de Spoleto. Se proclamó rey de los lombardos y se hizo coronar con la corona de hierro lombarda. Renovó la alianza con Roma en el 774 y en el 781 ofreció a su hijo, Pipino, la corona de hiero, ungido por el Papa Adriano.

A nivel territorial, destacó el establecimiento de fronteras o marcas en áreas de peligro. Las acciones militares se presentaban como una continuación de los esfuerzos integradores ya realizados en Aquitania, donde persistían los focos de revuelta. En el 777 Carlomagno recibió a los gobernadores musulmanes de Zaragoza y Barcelona, los cuales buscaban ayuda para enfrentarse al emir omeya de Córdoba, Abd al-Rahman I. Animado con la idea de expandirse por la Península Ibérica, Carlomagno viajó con un contingente de soldados para sayudar a los árabes en Zaragoza en el 778. Pero la correría resultó en fracaso. El gobernador de la ciudad no abrió las puertas, lo que obligó a las tropas francas a iniciar la retirada hacia el norte, donde había que sofocar la rebelión de los sajones liderador por Viduquindo. A su regreso por Roncesvalles, la retaguardia fue atacada por grupos vascones. Del recuerdo de este hecho nacieron célebres poemas épicos; el más conocido, la Chanson de Roland, de finales del siglo XI, es buen ejemplo de historia que convierte en héroes a los vencidos (fig. 4).


    Figura 4. Ocho escenas del poema El cantar de Roldán en una sola ilustración, obra del pintor flamenco Simón Marmion (1450), actualmente conservado por el Museo Hermitage. Imagen extraída de la web Wikipedia. Puedes obtener más información en la misma web


El fracaso en España sirvió para confirmar el papel vital de Aquitania. Como consecuencia de la autonomía del espacio meridional francés fue preciso otorgarle la consideración de reino, el frente del cual Carlomagno colocó en el 781 a su hijo Luis. Su hijo se encargó de la expansión al sur de los Pirineos. En los últimos años del reinado de Carlomagno las expediciones francas llegaban hasta Tarragona y Tortosa. Así surgió la Marca Hispánica, límite defensivo de Cataluña y Navarra. En el 790, Carlomagno creó otra frontera en Britania, entre Angers, Rennes y Tours como un ducado al mando de su primogénito, Carlos, para someter a los celtas venidos de las Islas Británicas. Tras conquistar Sajonia, los francos entraron en contacto con los daneses. Finalmente, tras incorporar Baviera, Carlomagno se enfrentó con el reino de los ávaros. Las campañas se alargaron entre el 791-796. Su desaparición permitió la creación de una nueva marca. Las empresas fronterizas ponían al Estado carolingio en comunicación con nuevos pueblos, en especial con los eslavos del este. Del mismo modo, el reino franco tuvo contactos con la Inglaterra anglosajona y con el reino astur de Alfonso II en España.


La coronación imperial de Carlomagno

En el último decenio del siglo VIII el rey carolingio empezó a diseñar la restauración del último imperio de Occidente. Varias causas son prueba de ello. En primer término, era indiscutible el prestigio que había adquirido la dinastía carolingia. El poder del rey lo convertía en cabeza política de toda la cristiandad occidental gracias al genio militar y organizador que había demostrado. Asimismo, el monarca empleaba símbolos de poder propios de un emperador, tal ver para remarcar que su fuerza política era tanta como la del Imperio bizantino. En su capilla en el palacio real de Aquisgrán, sede principal del reino, se recoge toda la simbología romana y bizantina que muestra al rey como intermediario entre cielo y tierra, máximo representante político de Dios. Es ley natural que no haya más que uno solo tras Él, que reine sobre la tierra y que sea ejemplo para todos los hombres. 

El papa León III se encontraba por aquel entonces en una situación comprometida tras ser acusado de adúltero y perjuro en el año 799, por lo que solicitó ayuda al rey franco. En noviembre del año 800, Carlomagno se presentó en Roma para resolver los problemas políticos que enfrentaban a León III con sus enemigos romanos. En aquel momento, el papa vio lógico (y una vía para llevar a cabo sus planes de mejorar su imagen y aumentar su autoridad) coronar emperador a Carlomagno, quien dominaba en todo Occidente, incluida Roma. El título imperial era la culminación de un conjunto de honores que la monarquía carolingia había acumulado desde su llegada al poder hacía 85 años. Así, en la Navidad del año 800, en la Misa del Gallo, el papa León III impuso a Carlomagno la corona de emperador (fig. 5).


    Figura 5. Dos pinturas sobre la coronación imperial de Carlomagno por el Papa. Arriba, la coronación por el artista italiano Rafael Sanzio (1516-1517), Museos Vaticanos. Puedes obtener más información en la web del museo. Abajo, la coronación del artista alemán Friedrich Kaulbach (1861), Maximilianeum. Puedes obtener más información en la web del museo Bayerisches National Museum

El acto tuvo lugar en Roma. En él intervino, como sucesor del Imperio, el pueblo romano. El ritual de coronación fue el bizantino, pero en orden inverso. En Constantinopla se nombraba al nuevo emperador por aclamación del pueblo; después lo coronaba el patriarca y terminaban los actos con la prosternación de los magnates ante el emperador. Sin embargo, en Roma primero se coronó a Carlomagno y luego fue aclamado por la asamblea del pueblo y los guerreros. La coronación del rey franco suponía para León III la alianza entre poder militar y religioso, mientras que para Carlomagno el hecho de arrodillarse y ser coronado por un papa suponía un acto de humillación y sumisión. En resumen, las circunstancias que envolvieron la coronación crearon un precedente para que las relaciones entre el poder político y el eclesiástico fueran en el futuro conflictivas.


Webgrafía

  • Sobre las páginas web que he utilizado ya he ido dejando sus respectivos enlaces en los pies de foto o durante la narración de los hechos; me da una pereza tremenda ir de uno en uno citando cada web en esta sección, por lo que las fuentes las tenéis, aunque no estén citadas como Dios manda, cosa que me la viene a sudar un poco. Hala, hasta luego.
Bibliografía
  • Álvarez Palenzuela, V. Á. (Coord.). (2013). Historia universal de la Edad Media. Ariel.

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