El ascenso de los carolingios - parte 2
Gobierno de Carlos Martel
La tarea que tenía por delante el nuevo mayordomo de Austrasia era enorme, ya que había que restablecer la situación tras los años de anarquía y consolidar el Estado franco a todos los niveles. En el este, Martel continuó la política de asegurar los límites orientales del reino, contruyendo numerosos caminos y fortalezas, impulsando la colonización franca de las regiones que conformarán la futura Franconia (sur de la actual Alemania, alrededor de Nuremberg). Tras la muerte de su padre Pipino de Heristal, pueblos germánicos como los alamanes y los sajones se movían con entera libertad y continuaban con violencia sus pillajes en territorio franco (fig. 1). Era perentorio defender a los francos al este del Rin, por lo que se organizó a los soldados francos contra los sajones que amenazaban Turingia (centro de la actual Alemania) en diversas expediciones desde el año 719. A todo esto se sumó la colaboración del obispo Bonifacio en la región. Por su mediación se iniciaron las relaciones entre Carlos Martel y el Papa, que fueron el preludio de la instalación de los carolingios en el trono merovingio y la futura aparición de un Imperio en el que el pontificado gozará de unos privilegios impensables hasta ese momento.
Figura 1. Territorio franco durante el auge de los mayordomos de palacio. Imagen extraída de la web Mente Enjambre. Puedes obtener más información en la misma webEn Neustria, la labor destinada a imponer su control sobre ese territorio seguía las directrices trazadas por su padre, primero nombrando cargos entre sus personas de mayor confianza y, en segundo lugar, destituyendo o expulsando a quienes habían sido nombrados por Regenfredo y otros dirigentes neustrianos. Martel no dudó en nombrar abades y obispos a sus más fieles. En Aquitania el deterioro del poder merovingio había propiciado la consolidación de un principado independiente con núcleo en Tolosa. Aquitania se había mantenido al margen de las cuestiones políticas que enfrentaron a Neustria y Austrasia y ello posibilitó la formación de un poderoso cuerpo aristocrático que se convirtió en el defensor de su independencia. Pero en Aquitania no siguió la monarquía, sino que se convirtió en un ducado cuyos titulares, como Eudes, trabajaron para mantenerlo independiente del resto del territorio franco en disputa. Eudes también es conocido como Odón el Grande, un duque con poder suficiente para introducirse en los enfrentamientos entre Neustria y Austrasia, pactando con Regenfredo para hacer frente a Carlos Martel.
Sin duda, en el gobierno de Carlos Martel hay un antes y un después del 732, fecha a partir de la cual el mayordomo será totalmente hegemónico. En el año 711 los musulmanes derrotaron al rey visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete y se adueñaron de la Península Ibérica, llegando unos años después al otro lado de los Pirineos. Es muy posible que la presencia musulmana se viera en las proximidades de Narbona, sobre todo cuando fue conquistada por los árabes en el 720 al mando del valí Al-Thaqafi. Pero en el año 730, el valí Abd al-Rahman ben Abd Allah al-Gafiqi, militar experimentado en las campañas al sur de territorio franco, impuso su decisión de terminar con el dominio de Odón en Aquitania. Odón entró en contacto con el gobernador musulmán de la Cerdaña (actual Andorra), que por entonces era contrario al califa de Córdoba. Sin darse cuenta, Odón brindó a Carlos Martel la oportunidad perfecta para eliminarlo, ya que se acusó a Odón de traición y Martel atacó Aquitania en el 731. Sin embargo, las noticias de la presencia musulmana hicieron que Carlos detuviese la operación y decidiese esperar una mejor ocasión. Las tropas de al-Gafiqi entraron en territorio franco y no tuvieron problemas para sitiar Burdeos e incluso derrotar a Odón. Forzado por las circunstancias, acudió ante Carlos para solicitar su ayuda y este se la brindó, haciendo valer sus intereses expansionistas sobre Aquitania. Los musulmanes saquearon Poitiers (al norte de la actual Burdeos) y, cuando se dirigían hacia Tours, se encontraron con las fuerzas de Martel cerca de la ciudad. En el año 732 se libró una de las batallas más decisivas de la historia de Europa en Poitiers, la cual se saldó con gran triunfo franco. Carlos derrotó a los musulmanes y el mismo al-Gafiqi murió en el conflicto (fig. 2).
Figura 2. Batalla de Poitiers, con Carlos Martel sobre el caballo blanco y coronado, enfrentando al valí árabe Abd al-Rahman, representado con larba barba y portando un yatagán otomano. Pintura del francés Charles de Steuben (1837), Museo Nacional del palacio de Versalles. Puedes obtener más información en la web WikipediaLas consecuencias de esta batalla fueron enormes, tanto dentro como fuera del territorio franco. En el 734, el gobernador árabe de Narbona intentó repetir un ataque en el Ródano pero volvió a sufrir un sangriento revés. Carlos Martel se convirtió en el gran defensor de Europa frente al Islam. Los núcleos de resistencia hispanos fueron alentados a su definitiva consolidación y, de este modo, su defensa llegó a instaurarse en Europa. En Aquitania, el duque Hunaldo se vio forzado a jurar fidelidad a Carlos Martel, quien extendió su radio de acción sobre territorio aquitano.
Desde el año 732 el poder de Carlos Martel se acrecentó considerablemente y esto se prueba en hechos como el del rey Teodorico IV, quien murió sin designar heredero merovingio, aunque sí permitió la existencia de una monarquía. A parte de los problemas político-militares y administrativos, la cuestión más espinosa del mandato de Carlos se refiere a las relaciones con la Iglesia, institución que sufrió las consecuencias de la política expansionista del mayordomo de Austrasia. Resulta que Carlos recompensó a los nobles que le habían ayudado con tierras y dinero. Cuando esto no era suficiente, el mayordomo de palacio, para asegurarse la fidelidad de la nobleza, secularizaba numerosas tierras de la Iglesia, la principal terrateniente del reino franco. Esto supuso una gran tensión entre los poderes laico y eclesiástico, que no hizo sino aumentar cuando Martel intervino en el nombramiento de obispos y abades a favor de su gente de mayor confianza. Como forma de venganza, la Iglesia hizo circular la imagen de Martel como expoliador del patrimonio eclesiástico y vulnerador de la libertad de la Iglesia.
El arzobispo Bonifacio acudió a entrevistarse con el Papa Gregorio III en Roma para intentar obtener su apoyo, pero este no quería entablar relaciones tensas con el mayordomo franco, precisamente en un momento en que los lombardos amenazaban Italia. Además, a causa del movimiento iconoclasta, en Roma habían roto relaciones con el emperador bizantino León III. Carlos Martel era el único que podía defender a la Iglesia del avance lombardo. Por ello, el Papa aconsejó a sus obispos esperar tiempos mejores para pronunicarse sobre las malas acciones del mayordomo franco. Falto de apoyos ante la inminente campaña lombarda, el Papa pidió auxilio a Carlos en el año 739. Sin embargo, Martel envió una embajada diplomática, no un ejército, pues había pactado anteriormente con Liutprando, rey lombardo. De esta manera, Carlos permitió que los lombardos atacaran la península, consiguieran Rávena y siguieran la conquista hacia el sur. Esta fue la última intervención de relevancia en la vida del mayordomo.
Antes de su muerte en el año 741, Carlos Martel siguió la costumbre franca de repartir los dominios entre sus herederos: Carlomán, el primogénito, recibió la mayordomía de palacio de Austrasia y el gobierno de Alamania y Turingia; Pipino, el segundo hijo, conocido como Pipino el Breve, quedó al cargo del palacio de Neustria, Borgoña y Provenza; finalmente, un tercer hijo, llamado Grifón, bastardo del mayordomo, recibió algunos territorios esparcidos por el reino (fig. 3).
Figura 3. Carlos Martel divide el reino entre sus hijos, Carlomán y Pipino el Breve. Miniatura del manuscrito ilustrado de las Grandes Crónicas de Francia, Biblioteca Nacional. Puedes obtener más información en la web WikipediaFinalmente, Carlos Martel murió y su cuerpo fue enterrado en la abadía de Saint-Denis, confiando la educación de sus hijos a los monjes que allí vivían. La cristiandad, por medio de los monjes, estaba produciendo una nueva concepción de la realeza que asumirá Pipino, una responsabilidad que pasaba por la defensa y la reforma inevitable de la Iglesia.
El definitivo triunfo carolingio
La división territorial efectuada por Carlos Martel fue alterada tras su muerte, ya que Carlomán y Pipino encerraron a su hermano Grifón y se repartieron la herencia. Esto provocó la sublevación de algunos duques y caudillos alamanes. Sometida la resistencia, los dos mayordomos acordaron colaborar y uno de las primeros asuntos que resolvieron fue el tema de las confiscaciones de tierras a la Iglesia que había realizado Carlos. Llevaron a cabo reformas en la institución contando con la colaboración del arzobispo Bonifacio y del papa Gregorio III, quien murió meses después y fue sucedido por el nuevo papa, Zacarías. Estamos en la primera mitad del siglo VIII. La situación política cambió cuando, en el año 747, por causas desconocidas, Carlomán dejó sus cargos para ingresar en el monasterio de San Silvestre, cerca de Roma. Con su hermano convertido en monje, Pipino pudo concentrar en sus manos todo el poder de la familia y también todos los dominios francos al incorporar la herencia de Carlomán. Grifón recuperó su libertad, pero solo para convertirse en refugiado y apoyar a aquellos que se oponían a Pipino, como fue el caso de los sajones y los bávaros. Pipino los derrotó a todos, les impuso un tributo, perdonó a Grifón y le concedió territorios fronterizos con los bretones, que gobernó hasta su muerte.
Llegado el momento, Pipino pudo dar el paso decisivo y se perfiló claramente como rey de los francos; hasta tal nivel llegó el poder de los mayordomos de palacio. Hasta entonces los merovingios, aquellos grandes reyes de larga cabellera, la raza de Clodoveo, habían sido el nexo de unión entre todos los francos y su prestigio fue suficiente para vencer el intento de destronarlos de mayordomo Grimoaldo. Sin embargo, el tiempo demandaba un cambio de dinastía. Pipino obró con cautela, preparando minuciosamente la acción y buscando los apoyos necesarios que dieran legitimidad a lo que para muchos sería una usurpación. El mayordomo se tenía que enfrentar a la tradición de la monarquía merovingia y, a su vez, justificar el doble ataque que iba a realizar: la ruptura de la fidelidad al monarca y el derribo de la dinastía a la que este pertenecía. El golpe de estado de Pipino fue el resultado lógico de un proceso de consolidación y crecimiento del poder de los mayordomos de palacio austrasianos, muy por encima del rey y el resto de la aristocracia franca. Para llevar a cabo el cambio dinástico, buscó legitimar su autoridad a través del papa Zacarías, quien por entonces se hallaba amenazado por los lombardos. Consciente de que nunca se le presentaría una mejor ocasión para asegurarse el apoyo moral de la máxima autoridad cristiana para el golpe de estado que preparaba, Pipino envió a dos hombres de confianza a entrevistarse con Zacarías en Roma y plantearle, en una maniobra política muy inteligente, la siguiente pregunta: ¿Es justo que se llame rey el que solo tiene el título como tal, en lugar de quien posee todos los poderes?. La respuesta fue clara: El orden de las cosas de este mundo reclama, conforme a la voluntad divina, que el título de rey lo ostente quien haya sabido hacerse con el poder antes que quien no haya sido capaz de conservarlo.
Los embajadores volvieron a Austrasia y, fortalecido por el respaldo de Zacarías, Pipino convocó una asamblea de la aristocracia franca en Soissons (ciudad a unos pocos kilómetros al noreste de París) a finales del 751 y, allí, se hizo elegir rey de los francos (fig. 4). El llamado Pipino III decretó inmediatamente la deposición del rey merovingio Childerico III, el último de su linaje, que terminó sus días olvidado en un monasterio. La nueva dinastía se imponía con el apoyo papal y fue sacralizada con el rito de la unción, antiguo rito de los reyes de Israel y que también utilizaban los reyes visigodos. El nuevo rey franco recibió la sacralización de su persona al convertirse en el ''ungido de Dios'', elegido por este para guiar a su pueblo. Recibía así la gracia divina, atributo que superaba al prestigio atribuido a los reyes merovingios. Con una buena estrategia, el pontífice de Roma se convertía una gran personalidad de Occidente, señor de reyes y, muy pronto, de emperadores.
Figura 4. Pipino el Breve, rey de los francos por golpe de estado, óleo del francés Louis-Félix Amiel (1837-1838), Museo Histórico de Versalles. Puedes obtener más información en web WikipediaReinado de Pipino III
En el año 752 murió el papa Zacarías y su sucesor, Esteban II, buscó auxilio ante la precaria situación que vivía Roma siempre frente a los lombardos, siempre hostigando, invadiendo, arrasando los campos itálicos. La salvación solamente podía llegar de los francos y por ello el Papa solicitó apoyo a Pipino III. El rey franco fue nombrado defensor de San Pedro y asumió la obligación de proteger a Roma. Pipino se reunió con los nombres para explicarles la situación y sus proyectos de ataque, aunque encontró resistencia en muchos de los asistentes, que no deseaban romper la alianza con los lombardos. No obstante, se impuso la voluntad del rey y se firmó, en el año 754, el Tratado de Quierzy, en el que se recogían las mutuas obligaciones entre rey e Iglesia y Pipino inició los preparativos de guerra. Esteban II renovó el rito de unción de Pipino y extendió esta sacralización a sus dos hijos, Carlos y Carlomán, prohibiendo, en caso de excomunión, que en adelante fuese elegido otro rey que no fuera de su descendencia.
Cumpliendo sus compromisos, Pipino efectuó dos campañas contra los lombardos, las cuales cimentaron las bases del protectorado franco sobre el Papa y permitieron la consolidación de la posición pontificia en Roma. Asimismo, Pipino hizo prometer a Astolfo, el rey lombardo del momento, que cesaría en sus ataques, aunque estos se renovaron en el momento en que se alejó de la península el rey carolingio. Enfurecido por la desobediencia, Pipino sitió a Astolfo en Pavía (756) y logró de él una rendición verdadera. El rey franco puso bajo administración de la Santa Sede buena parte del Exarcado de Rávena y la Pentápolis, unidos al ducado de Roma por un corredor en el que se situaba Peruggia. Mientras el Exarcado de Rávena fue el centro del poder bizantino en Italia desde finales del siglo VI hasta el 751, la Pentápolis fue un ducado formado por 5 ciudades (Rímini, Pésaro, Fano, Senigallia y Ancona), nexo defensivo frente a los lombardos hasta que pasó a pertenecer al Papado en esta época. De este modo nacieron los Estados Pontificios.
Vuelto a su reino con un ejército experimentado y disciplinado, Pipino acometió las empresas que quedaban pendientes a la muerte de Carlos Martel. En primer lugar, debía resolver la presencia de los musulmanes al sur del reino. En el año 759 expulsó a los árabes y puso esos territorios en manos de nobles locales. En segundo término, Aquitania, ducado independiente, se había convertido en refugio de rebeldes, lo que representaba un problema. A partir del año 760 Pipino organizó campañas para conquistar el territorio que controlaba el duque Wafre. Lo pasó a otras manos recibiendo un juramento de fidelidad de los magnates aquitanos.
Pese a las innovaciones que impuso, Pipino mantuvo la costumbre franca de dividir el reino entre sus hijos Carlos y Carlomán. Agotado, murió en el año 768 y fue enterrado en la iglesia de Saint-Denis, aquella abadía que tanto había significado para los merovingios y que ahora se convertía en el emblema de los carolingios.
- Sobre las páginas web que he utilizado ya he ido dejando sus respectivos enlaces en los pies de foto o durante la narración de los hechos; me da una pereza tremenda ir de uno en uno citando cada web en esta sección, por lo que las fuentes las tenéis, aunque no estén citadas como Dios manda, cosa que me la viene a sudar un poco. Hala, hasta luego.
- Álvarez Palenzuela, V. Á. (Coord.). (2013). Historia universal de la Edad Media. Ariel.
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