Amor y adolescencia: Puedo Escuchar el Mar

    La nueva generación Ghibli se estrenó con una película mediocre y, por desgracia, muy olvidable


En el año 1993, Studio Ghibli se encontraba en su culmen de productividad. Nicky, la Aprendiz de Bruja, Recuerdos del Ayer y Porco Rosso fueron las películas japonesas con mayor recaudación en la taquilla nacional durante sus respectivos años de estreno, pero tanto Hayao Miyazaki como Isao Takahata pasaban ya de los 50 años. Por suerte o por desgracia, ambos directores habían iniciado su carrera en el estudio a una edad que podría parecer tardía (Miyazaki filmó Nausicaä del Valle del Viento a los 43 años y Takahata 53 cuando creó La tumba de las Luciérnagas). ¿Qué pasaría con el estudio si uno, o ambos, contemplaba el retiro?

La película que vamos a descubrir hoy es Puedo escuchar el Mar, estrenada en 1993. El guion, adaptado de la novela escrita por Saeko Himuro (fig. 1), se iba a crear con el pretexto de dar una oportunidad a los más jóvenes del estudio, que por entonces rozaban la veintena o la treintena, dándoles el espacio y la oportunidad de entrenar su músculo creativo con un proyecto propio. Resulta que Himuro era una de las autoras más famosas de literatura juvenil y shōjo, es decir, la categoría de manga y anime dirigida principalmente al público femenino adolescente o joven adulto. Esta fue su gran obra literaria (fig. 2).


    Figura 1. Saeko Himuro, una de las escritoras más influyentes de la literatura juvenil japonesa. En Occidente es recordada tan solo por Puedo escuchar el Mar, en Japón fue una auténtica superestrella en las décadas de 1980 y 1990. Imagen extraída de la web TMDB. Puedes obtener más información en la misma web

    Figura 2. La novela de Saeko Himuro gozó de una muy buena recepción a su estreno en el mismo año en que la historia se llevó a la gran pantalla. Inicialmente se publicó por capítulos en la revista de anime y cultura pop Animage, entre los años 1990 y 1992. 


Esto hizo de  Puedo escuchar el Mar el primer proyecto de Ghibli que no estuvo dirigido por ninguno de sus fundadores. El papel de director recayó esta vez sobre un Tomomi Mochizuki de 34 años, reconocido por sus trabajos en el anime para televisión en los ochenta. Mochizuki era un recién llegado a Ghibli, pero venía respaldado por un equipo estelar de veteranos y gandes promesas del estudio.

Dos de los animadores más destacados, conocidos con los nombres de Yoshifumi Kondō y Katsuya Kondō (no comparten ningún parentesco a pesar de compartir apellido), se encontraban en el proyecto y este último proporcionó los diseños de los personajes. Mientras tanto, el recién llegado Masashi Andō, que tendría una brillante carrera diseñando personajes y siendo director artístico tanto dentro de Ghibli (La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro) como fuera (Paprika, Your Name), fue quien aportó la animación clave. También participó Keiko Niwa, una joven guionista que trabajaría en la adaptación de futuros filmes como Cuentos de Terramar o Arrietty.

El plan original era que Puedo escuchar el Mar fuera una producción rápida y barata pero de buena calidad; sin embargo, como suele pasar en Ghibli, el trabajo no se llevó a cabo en el tiempo programado ni con los costes estimados, lo cual le provocó a Mochizuki una úlcera que le impidió seguir trabajando en el proyecto. Finalmente, la película se estrenó en televisión en 1993 y recibió críticas muy variadas. Pasó sin pena ni gloria y, hasta el día de hoy, sigue siendo la única película Ghibli sin contar con doblaje al inglés.


Análisis de la película

Puedo escuchar el Mar es un filme que no consigue brillar. Dentro del catálogo del estudio hay obras que quizás sean de menor calidad que esta cinta, pero eso no excusa ni justifica la mediocridad que vemos en muchos de sus apartados: ritmo narrativo, desarrollo de personajes, banda sonora...en general, lo que resume esta película es una insustancialidad que impide al espectador interesarse vivamente por los devenires de los personajes y, al fin y al cabo, sentirse identificado con ellos. La trama no es lo suficientemente buena como para conseguir que conectemos con aquello que quiere mostrarnos. 

Estrenada entre otros dos romances, Recuerdos del Ayer y Susurros del Corazón, esta película de adolescentes da la sensación de estar influida por estos filmes en algunos aspectos. Los cambios en el marco temporal y el apartado visual más suavizado se antojan como una continuación del largometraje de Takahata, mientras que el subidón de emociones y los episodios románticos de la adolescencia se podrán observar con más atención en el de Yoshifumi Kondō. Sin embargo, en cuanto aparecen los créditos finales de Puedo escuchar el Mar, esta historia llena de nostalgia solo te hace pensar en lo que podría haber sido (fig. 3).


    Figura 3. La última escena de la película cierra una historia circular que termina en la misma localización en la que empieza y nos deja demasiado indiferentes debido a unos personajes que se quedan a medias, habiendo sacado a relucir más sus defectos que sus virtudes. Imagen tomada por el autor de esta entrada


Las primeras escenas nos transportan a un terreno bien conocido para Ghibli. Hay una estación de tren, un avión y un cielo azul y, entonces, aparece uno de los ejemplos más atrevidos de montaje que se aprecien en todas las películas del estudio (fig. 4). Al César lo que es del César: cuando el joven urbanita Taku Morisaki recuerda sus años de instituto, unos grandes bordes blancos llenan los laterales de la pantalla, mostrando una pequeña imagen del castillo de Kochi en el centro. Rápidamente, otra imagen un poco más grande la sustituye mientras Taku recuerda su trabajo en un restaurante en el momento en que empieza la historia. Nuevamente, otra vez el castillo llena la pantalla, esta vez al completo. Refleja el recuerdo a través de una mezcla de técnicas sensoriales y cinematográficas que emplea a lo largo de toda la película. Esta memoria sensorial se combina con la imagen de un lugar, como retazos de un sueño que se unen de nuevo. Y es precisamente este inicio y la manera que tienen de encuadrar las escenas lo que nos transporta a Recuerdos del Ayer, aunque solo por el apartado técnico.


    Figura 4. Imágenes en rápida sucesión y un personaje trabajando en una cocina como si estuviera enmarcado en el paspartú de un cuadro. Así empieza una película que prometía mucho. Imagen creada por el autor de esta entrada


El viaje de Taku por sus recuerdos se centra en un triángulo amoroso entre él mismo, su amigo Yutaka y la nueva chica que ha llegado a su instituto, Rikako; y es en ese triángulo donde se pierde el filme (fig. 5). Rikako es una mentirosa, ladrona, egocéntrica y cambiante en sus estados de ánimo. No sabe lo que quiere en la vida y no le importa hacer daño a la gente que tiene a su alrededor. Esto sorpende sobremanera viniendo de un estudio que crea películas donde la fantasía, la alegría y las buenas intenciones se han encontrado hasta en el corazón de los villanos de la historia. Aquí, sin embargo, nos encontramos con un elemento tremendamente realista: la adolescencia es una etapa muy dura y cuando somos tan jóvenes solemos ser estúpidos y malcriados. La madurez otorga el cambio necesario en los modales, al menos en aquellos que crecen enderezados por sus allegados.


    Figura 5. El triángulo amoroso del filme es la única (y pobre) herramienta con que cuentan los de Ghibli para generar un mínimo de tensión narrativa, cosa que no sucede apenas ni de la manera adecuada. Imagen tomada por el autor de esta entrada.


Mientras tanto, los sentimientos de los chicos van aflorando y se podrían atribuir a que no saben llevar ese amor adolescente de forma sana; es difícil empatizar con ellos cuando la película normaliza que miren a Rikako como animales en celo durante las clases de gimnasia y que compren fotos suyas tomadas sin su permiso (fig. 6). Esa no es una relación apropiada y cuesta apoyarla cuando las escenas en que se construye un ambiente de romance (por la música, el control de los silencios, las miradas, la puesta en escena) se encuentra delante de sus narices: entre ellos mismos (fig. 7).


    Figura 6. No solo hablan del físico de Rikako; también mencionan el tamaño de los pechos de la rival de tenis de la muchacha. Sentirnos denunciados por escuchar estos comentarios es algo normal, igual de normal para la edad que unos adolescentes hablen del atractivo físico de sus compañeras de instituto. ¿Quién no ha sido adolescente? Imagen tomada por el autor de esta entrada


    Figura 7. Aunque no lo parezca, los momentos que deberían atribuirse tradicionalmente a escenas románticas heterosexuales aquí los vemos como escenario para las conversaciones privadas de Taku y Yutaka. Imagen tomada por el autor de esta entrada.

Hay quienes piensan que la atracción más clara se encuentra entre los dos protagonistas. Taku cuenta que los demás ''no saben ver el verdadero potencial (de Yutaka)'' ni ''lo bueno que es'' y hasta pregunta por él cuando habla con Rikako. Cuando Yutaka le pregunta a su amigo si quiere dar una vuelta, la pantalla pasa a mostrar las brasas de un fuego y, cuando el mar del título hace acto de presencia, está iluminado por un atardecer de tonos pastel, haciendo brillar las olas que chocan contra el puerto en el que los dos jóvenes comparten una conversación muy íntima de carácter emocional (fig. 8).


    Figura 8. Bromas aparte, hay cierto debate sobre el erotismo subyacente en la película y se trata de un debate muy subjetivo que para nada se comparte en este blog. Personalmente no hay información suficiente en la película que lleve a pensar que la relación de los dos protagonistas podría haber sido algo totalmente diferente de haberse arriesgado un poco más el estudio. 


Ese es, sin duda, el momento más romántico de la película, aunque no existe una relación romántica ni una atracción visible entre los dos amigos, por mucho que algunos escritores de libros o páginas web (entre los que se encuentran los autores de la obra de referencia para estas entradas) se empeñen en hablar de una película homosexual camuflada de amor hetero. Y entonces, en la parte final, justo cuando está a punto de convertirse en, para algunos, la obra más transgresora del estudio, Taku declara que está enamorado de Rikako. Sin duda, Puedo escuchar el Mar podría haber sido una película totalmente diferente...(fig. 9).


    Figura 9. En serio. Imaginad que en lugar de uno de estos chavales se encuentra Rikako. Tendríamos la escena romántica por excelencia, con el atardecer, los pájaros que vuelan en manada, las olas del mar...pero claro, nunca sabremos realmente las intenciones de Studio Ghibli a la hora de diseñar esta película. Imagen tomada por el autor de esta entrada


Curiosidades de la película

Esta película fue un intento de hacer anime únicamente por los animadores más jóvenes del estudio. Nada de ancianos, solo gente de entre 20-30 años. 

Esta fue la primera película Ghibli animada y dirigida por alguien ajeno a Miyazaki y Takahata.

Durante la feria escolar, se puede ver en una imagen lejana al aviador Porco Rosso sentado en un banco (fig. 10).

    Figura 10. Abajo derecha tenemos a cierto héroe porcino que se ha colado en la feria local. ¡Todo un cameo inesperado!


La historia tuvo lugar principalmente en la ciudad japonesa de Kouchi. Esta se encuentra en la isla de Shikoku, la más pequeña de las cuatro islas principales que componen Japón. 


Webgrafía

  • Sobre las páginas web que he utilizado ya he ido dejando sus respectivos enlaces en los pies de foto o durante la narración de los hechos; me da una pereza tremenda ir de uno en uno citando cada web en esta sección, por lo que las fuentes las tenéis, aunque no estén citadas como Dios manda, cosa que me la viene a sudar un poco. De todas maneras, aquí abajo tenéis más enlaces utilizados para el contenido de esta entrada. Hala, hasta luego.
  • Las curiosidades de Puedo Escuchar el Mar las podéis encontrar en esta web

Bibliografía
  • Cunningham, J. (2021). Ghiblioteca: La guía no oficial de las películas de Studio Ghibli. Minotauro.

  • Ghibli, S. (2024). Studio Ghibli complete works. Planeta Cómic.

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