La creación de los reinos germánicos

    La victoria del rey Meroveo en la batalla de los Campos Cataláunicos, obra del francés Emmanuel Fremiet (1867), MoMA (Nueva York). Puedes obtener más información en la web World History

A partir del siglo IV, el Imperio romano sufrió la presión de una serie de pueblos bárbaros. Eran pueblos germánicos del norte de Europa, emparentados con los pueblos de las estepas del este de Europa y Asia. Todos estos pueblos habían evolucionado y se habían vuelto mucho más fuertes, precisamente por su contacto continuo con Roma. A lo largo del siglo V, invasores como los suevos, vándalos y alanos se establecieron en Hispania. Otros se convirtieron en pueblos confederados de Roma, que se sentía incapaz de defenderse por sí misma. Entre estos aliados se encuentran los visigodos, que llegaron a Hispania para expulsar a los invasores mencionados, aunque terminaron quedándose en Hispania y fundando su propio reino. Por su parte, en Oriente continuó el legado de Roma en Constantinopla, capital del Imperio bizantino. Al sur de Próximo Oriente, el norte de África y, más tarde, la Península Ibérica, empezó a desarrollarse lo que más tarde sería una nueva religión, el Islam. De esta forma, el Mediterráneo dejó de ser el centro de una civilización unitaria, para convertirse en escenario de las guerras entre reinos germánicos.

Hay que recordar que estos reinos no fueron creados necesariamente después de la caída del Imperio romano, sino que, generalmente, se fundaron aprovechando la debilidad de Roma. En sus inicios, algunos de estos reinos incluso actuaron como aliados de los romanos. Por encima de todos ellos sobresalió el reino de los francos. 


El reino de los francos

El más poderoso y duradero de los nuevos reinos. Los francos procedían del este del Rin y la Baja Renania. Se asentaron en la zona de las actuales Bélgica y norte de Francia. Con el tiempo, los reyes francos llegaron a extender sus dominios por toda Francia, Bélgica, Países Bajos y la zona de Franconia, en Alemania. El primer rey de estos territorios fue Clodoveo I, fundador de la dinastía real de los merovingios y el que unió a todas las tribus que se habían instalado en esta región. Gobernó desde el 481-511. Esto quiere decir que los merovingios no se asentaron y empezaron a gobernar en el 481 como por arte de magia. En realidad, ya hacía años que se encontraban en Francia y eran federados (especie de aliados a sueldo) de Roma, pero carecían de unidad y necesitaban una única figura de autoridad que los liderara. Clodoveo se convirtió rápidamente al catolicismo para gozar del apoyo de la Iglesia de Roma, lo que tuvo un impacto fundamental en el desarrollo del futuro reino franco. El rey estableció la capital de su pequeño reino en París y gobernó hasta su muerte en el año 511. Fiel a sus costumbres, dividió el reino entre sus hijos, fragmentando el territorio franco en grandes regiones vecinas de otros pueblos germánicos, como los alamanes o los sajones. A partir de este momento, la historia del reino franco siguió una evolución irregular y ni mucho menos pacífica. 


Webgrafía

  • Sobre las páginas web que he utilizado ya he ido dejando sus respectivos enlaces en los pies de foto o durante la narración de los hechos; me da una pereza tremenda ir de uno en uno citando cada web en esta sección, por lo que las fuentes las tenéis, aunque no estén citadas como Dios manda, cosa que me la viene a sudar un poco. Hala, hasta luego.
Bibliografía
  • García de Cortázar, J. Á., Sesma Muñoz, J. Á. (2008). Manual de historia medieval. Alianza Editorial.

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